Testimonio

 

Nombre: Jorge Luis Fragoso Sánchez.
Nombre de la abuela: Sra. Rosa Santoyo Fragoso (persona entrevistada).
Edad: 13 años (en agosto 1999).
Localidad: Texcoco.

Mi nombre es Rosa Santoyo Fragoso. Quiero dar mi testimonio sobre la, en apariencia, milagrosa recuperación de mi nieto, de nombre Jorge Luis Fragoso Sánchez, quien tuvo Linfoma Burking (cáncer maligno) a los 4 años de edad.
La odisea de mi nieto, una vez diagnosticado el cáncer, comenzó en el Hospital Federico Gómez, a donde sus padres lo llevaron y donde se le trató con quimioterapia y se le sometió a operación quirúrgica, sin que mostrara mejoría alguna. Como siguiente opción, los médicos le recetaron una medicina alópata llamada, si no mal recuerdo, "Metrotexate" o de sonido muy parecido, muy cara. Se la estuvieron dando a mi nieto durante varios meses, con la esperanza de que mostrara signos de recuperación, pero, como podrán ustedes imaginar, no pasó nada. Era como si nada más le hubieran estado dando agua y, mientras tanto, el cáncer progresaba. Posteriormente, sus padres lo internaron en el Hospital La Raza, en el séptimo piso, pues era ahí (o sigue siendo) donde trataban a los niños con cáncer avanzado.
Ahí le siguieron administrando el dichoso "Metrotexate" y, al no existir mejoría, los médicos le dictaminaron desahucio. Dijeron que no se podía hacer nada más que controlar los dolores con anestésicos, para que mi nieto no sufriera mucho, y esperar el fatídico desenlace. Ya podrán ustedes imaginar la angustia y la desesperación de sus padres y de mí misma al negarnos los médicos toda esperanza.
En esas estábamos cuando por casualidad vimos un programa del señor Nino Canún, donde nos enteramos del trabajo que realizaba la Dra. Ana María Moo en el Centro del Grupo Moo-Ji, fundado por ella. Llamamos al programa para obtener más información y, una vez que averiguamos los datos, entramos en contacto con la Dra. Ana María Moo. Entonces, por indicaciones suyas, y con el permiso de los papás (ellos no podían acompañar a su hijo debido a sus trabajos), me trasladé, junto con mi nieto, a Mérida, Yucatán, sede del Grupo Moo-Ji. Nos alojamos en las instalaciones del Centro, e inmediatamente comenzó el tratamiento del niño a base de jugoterapia, un método curativo de la Dra. Ana María Moo, y paseos al aire libre en un lugar natural, sin la contaminación a la que estamos acostumbrados quienes vivimos lejos del campo.
Para darles una idea de la rutina que seguía mi nieto (y yo, que lo acompañaba), era cuestión de levantarse a las cinco de la mañana todos los días, tomarse un jugo, salir a caminar al aire libre, tomar otro jugo a las dos horas, hacer otra clase de ejercicios, tomarse otro jugo y así, hasta que llegaba la hora de dormirse. Recuerdo que los jugos eran hechos principalmente a base de ajo, limón y levadura de cerveza. Había otros jugos que le daban, pero ya no me acuerdo bien cuales eran. Este tratamiento fue observado rigurosamente durante los siguientes 6 ó 7 años, después de que abandonamos las instalaciones del Grupo Moo-Ji.
En el lapso de una semana (fíjense en lo que les digo: una semana nada más) empezó a mejorar la salud del paciente, o sea mi nieto, como lo quieran llamar, junto con su estado de ánimo. Antes del tratamiento con la jugoterapia, el niño sólo quería estar acostado todo el tiempo, hecho un ovillo, recogido en sí mismo, sin ganas de hacer nada, quejándose de los dolores y el malestar que le provocaba la enfermedad. En cambio, a los siete u ocho días de comenzar el tratamiento, él mismo se incorporaba para comenzar la terapia e ingerir los diversos jugos recetados por la Dra. Ana María Moo.
Era como si su cuerpecito pidiera aquellos alimentos que tanto bien le hacían. Dejé de preocuparme de que se me hiciera tarde para levantar a mi nieto y comenzar el tratamiento: él solito se encargaba de despertarse. Cuando hablé con los papás para informarles de la mejoría de su hijo, no cabían de alegría. Déjenme contarles algo acerca de mí: resulta que, aprovechando mi estancia en el Centro del Grupo Moo-Ji, le pedí a la Dra. Ana María Moo que me recetara algo para un malestar que tenía en un brazo. Resulta que sentía que se me dormía, pues no tenía una correcta irrigación sanguínea. La Doctora me recetó algún jugo que ya no recuerdo y a los pocos días mi molestia desapareció.
Les cuento esto porque, aunque la Doctora me atendió de buena gana, ella prefiere tratar los casos difíciles, aquellos que los doctores alópatas consideran como perdidos.
Me preguntan si yo recomendaría a la Doctora y al Grupo Moo-Ji. Absolutamente. Yo, mi hija y su esposo. Gracias a Dios y a la Doctora, mi nieto es ahora un adolescente fuerte y sano, con más de 1.70 metros de estatura. Hace tiempo lo llevé con varios de los doctores que lo habían desahuciado, quienes no daban crédito a sus ojos, incrédulos de que se hubiera recuperado. Solamente uno de ellos se mostró menos escéptico, quizás porque ya tenía conocimiento de otros casos similares en los que se había optado por la medicina alternativa.
Durante el tiempo que duró la visita, este médico detenía a otros colegas suyos para decirles: "¿Ven a este niño sano? Pues resulta que hace años nos lo trajeron para ver si podíamos salvarlo de las garras del Linfoma Burking. Nosotros lo desahuciamos. Y sin embargo sigue vivo. Y sano". Naturalmente, los demás doctores pensaban que les trataba de tomar el pelo. En otra ocasión llegó hasta la localidad donde vivíamos una unidad móvil de la Secretaría de Salud. Se me ocurrió llevar a mi nieto para que le hicieran un examen médico.
Después de que nos entregaron los resultados, donde se asentaba que mi nieto era una persona totalmente sana, sin rastros de enfermedad alguna, le comenté como por casualidad a uno de los doctores del módulo que mi nieto había padecido de Linfoma Burking, pero que gracias a los cuidados y las indicaciones de una doctora naturista, se había recuperado. "Prueba de ello", le dije, "son estos resultados". ¡Huy! ¡No le hubiera dicho eso! El médico en cuestión se enojó. Me dijo que no dijera tonterías, que no sabía lo que estaba diciendo, que el Linfoma Burking es de necesidad mortal y que no tiene curación.
Éste es mi relato.